CUENTO No. 29: LOS ESTADOS DEL SER Cap. 2 El estado de la conexión
- Paulina Villegas
- 16 abr 2023
- 5 Min. de lectura

Me debatía si poner el título como estado de la devoción o estado de la conexión. Como ves, ganó el segundo porque su definición se acerca más a lo que quiero compartirte en este cuento.
Según la Real Academia Española, conexión significa: unir o poner en comunicación dos cosas o dos personas, o una con otra. En este caso, este sendero nos invita a unirnos y a ponernos en comunicación con nuestra sabiduría interior, que bien puedes llamarle Dios, yo superior, intuición, alma, tu yo interior. No importa el nombre que le demos, la cuestión de fondo realmente es que hay algo dentro de nosotros que quiere comunicarse con nosotros para contarnos nuestra verdad y mostrarnos la sabiduría que ya poseemos.
Este sendero es conocido como el sendero de la interiorización donde se cultiva el mundo interior, se sublima el deseo para un fin superior, la capacidad receptiva se activa preparando la vía para gestar algo nuevo. Es como si después de tantas ideas creativas y tanto deseo, en el estadio anterior, nos sentáramos a evaluar cada posibilidad, comprendiendo las consecuencias de ir en una vía u otra. Aquí se nos pide sentir, fluir y ser nosotros mismos.
Mary K. Greer lo resume en esta frase:
“El conocimiento que busco está dentro de mi esperando mi pregunta”
Para mi es un sendero muy bello porque nos invita a conocernos, a vernos, a amarnos y respetarnos. Cuando nos conocemos, vemos nuestras sombras y a partir de verlas comenzamos a comprenderlas de tal forma que las integramos y las aceptamos como parte fundamental en nuestro proceso evolutivo. Al hacerlo ya no nos da miedo que nadie las vea, por lo que dejamos de sentirnos vulnerables porque ya sabemos quiénes somos.
No se si te ha pasado, pero yo lo veo mucho. No hay mejor antídoto ante la burla externa que la propia burla. Cuando tu eres capaz de reírte de ti, ya nadie lo hace. Practícalo. Cuando alguien haga un comentario de ti buscando burlarse, tu dale la razón y afianza su comentario con algo más contundente. Ya verás como para todo allí. Te doy un ejemplo. La mayoría de las personas piensan que yo nunca me enojo y yo se que eso no es así, yo me enojo y cuando me enojo… ME ENOJO. Entonces en círculos cerrados y muy íntimos cualquier día quieren molestar de cuenta mía y dicen algo como… Hummmm quien la ve, tan simpática. Para saber que es la patico mayor (Pantera, tigre y cocodrilo juntos)… Yo tengo dos caminos. Uno pelear y decir que yo no soy así, que yo soy super querida, blablablá. Posición que aviva más el fuego y vienen otros a contar anécdotas y todo el cuento… El otro camino es decirles… hay cierto. “Me rio” y digo: es que cuando me pongo brava como que me transformo. Juajuajua. ¿Y adivina qué pasa?... Los comentarios cesan y siguen con otra cosa.
La cuestión es que cuando transitas este sendero te permites conocerte muy bien lo que te da seguridad. Esa seguridad viene de aquel que es capaz de apreciar su propia dualidad y la reconoce como un aspecto de la manifestación divina.
Este sendero bien aspectado nos invita a trabajar en el desarrollo de la acción “superior”. Es decir, nos invita a trabajar en eso que destaca frente a los actos ordinarios de cada día. No se trata de superarse frente a los demás, incluso no se trata de ser tu mejor versión. Nada que ver. Se trata de hacer algo útil (y ojo, útil no es productivo) y del agrado de uno mismo y de los demás. Algo que una vez realizado, no deja ninguna huella, sino solo el sentimiento del deber cumplido. Y no hay nada mejor que esa sensación. Indudablemente nos alimenta la autoestima (que nada tiene que ver con la autocomplacencia) y que pertenece a las personas respetuosas. Por ello aquí se muestran las siguientes cualidades superiores. Seguridad, autoestima y respeto. Ese que nace del convencimiento de que somos sagrados en nuestra dualidad. Somos perfectos con defectos y virtudes.
Por su parte este sendero mal aspectado nos habla del trabajo que debemos hacer para desarrollar la seguridad en nosotros mismos. Seguridad que implica una total confianza en la vida, en el creador, en el Universo. Hay un mantra que hacemos en kundalini yoga, que de hecho hoy medité en él, que dice: “Dios y yo; yo y Dios, somos uno”. Cuando nosotros en realidad integramos esto en nuestra vida, logramos ver la divinidad en todo y todos y comprendemos que todo siempre está en orden así no lo comprendamos en el momento. La falta de fluidez en este sendero se manifiesta en timidez y en baja autoestima, aspectos que en el fondo esconden una relación conflictiva con nosotros mismos. “Si no creo en el creador, tampoco creo en mí. Si la divinidad no existe, yo no tengo nada de divino” Cuando esta situación se presenta en nosotros estamos llamados a madurar e integrar los sueños con la individualidad. Habrá miedo a expresar intuiciones, miedo a desarrollar y expandir la individualidad y dificultad en percibir y explorar las propias capacidades y en creer en ellas, incluso cuando el entorno te las muestra desde afuera.
En el tarot este sendero es representado por la papisa o sacerdotiza. Jodorowsky la pone a hablar en estos términos: “He hecho una alianza con el misterio que llamo Dios. Desde entonces, en el mundo material no veo más que su manifestación… En unión con la potencia que percibo en todo, mis debilidades y mis dudas se desvanecen. Habito mi cuerpo como un lugar sagrado, puedo en cada instante darle el lugar que me corresponde. Estoy inmersa en mi obra, y nadie me desvía de ella. Nadie puede tomarme o sujetarme con sus sentimientos, sus deseos, sus proyecciones mentales. No se me distrae…”
Por eso mi duda con llamarlo el sendero de la devoción. Porque al conectar con nuestra esencia, nuestra Alma. Nuestra chispa divina, conectamos con eso que llamamos Dios y vemos y sentimos su energía en nosotros. Al conectar con esa energía nos sabemos perfectos tal cual somos y comprendemos que cada uno de nuestros defectos está ahí para apoyarnos en un trabajo personal que debemos hacer. En ese momento integramos nuestra dualidad y nos sentimos seguros en nosotros mismos.
Hoy, más que nunca, encontramos muchas herramientas para transitar este sendero. Tenemos el camino de la oración, de la meditación (activa y pasiva), el camino del arte, el camino del vipasana. De verdad que hay muchas herramientas para transitar este sendero.
¿Cuál es la mejor? Todas o ninguna. No es cuestión de hacer la que más le funciona a Pauli. Es cuestión de conectar con aquella que mejor te funciona a ti. Y ¿Cómo sabes cuál es esa?... A través de la prueba y error. Cada que me dicen que les sugiera alguna herramienta para transitar algún sendero, trato siempre de presentarles 3 alternativas diferentes. Les digo te puedo sugerir estas 3 pero tú revisa cuál te llama más la atención. Cual resuena contigo y ve por ese camino.
De eso se trata la conexión de saber que me sirve a mí, que me queda bien a mí, que me gusta, lo que me sienta mejor a mí. No es seguir esto porque el otro lo hace o le da resultado. Es comprender que yo no soy el otro, por lo que yo debo buscar mis propias formas.
En el árbol de la vida este sendero conecta al padre con el hijo. Para mí representa la consciencia crística, entendida como la consciencia que se sabe parte de la creación. Se sabe hija del padre azul, se sabe divino y sin ego, manifiesta en cada acción esa divinidad.
OJALÁ PUDIERAS VERTE COMO YO TE VEO. DIVINO.
Pauli.





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